La gestión de riesgo no es responsabilidad de un único departamento

Es responsabilidad de todos los miembros de la compañía. Las quiebras de empresas en el pasado han sido atribuidas a la falta de rendición de cuentas, de estrategia y de transparencia.

Los reguladores y los stakeholders son cada vez más exigentes; por tanto, las empresas deben demostrar una mejor disciplina, control y responsabilidad. No estar a la vanguardia y no cumplir la regulación vigente y emergente podría poner en peligro la reputación y la supervivencia de la compañía. ¿En qué medida es sólido su programa de gobierno corporativo, riesgo y cumplimiento normativo?

Es probable que los riesgos financieros nunca hayan sido tan importantes como actualmente. Las reservas de capital, las carteras de crédito, las políticas de inversión y los perfiles de capital y de deuda exigen una vigilancia constante y minuciosa para gestionar y mitigar de forma adecuada los riesgos.

Las empresas también deben estar atentas a los riesgos que presentan los proveedores. Una contraparte que incumple un contrato, o cuyo negocio quiebra, puede provocar implicaciones graves en las finanzas y en la reputación de sus partes vinculadas.

Los riesgos de fraude también aumentan cuando hay limitaciones de tesorería. Algunos empleados se vuelven más oportunistas y los piratas informáticos, más ingeniosos. Descubren medidas de seguridad laxas en áreas de negocio que solían tener más recursos... y atacan. ¿Son sus sistemas y políticas lo suficientemente sólidos para evitar el riesgo de fraude?

Al mismo tiempo, muchas empresas tienden más a embarcarse en litigios por pérdidas que soportarían en épocas de mayor prosperidad. Surgen controversias porque tratan de culpar a otras partes por conductas indebidas y negligentes que provocan pérdidas financieras o empresariales. ¿Podría verse inmerso en un litigio como parte demandante o demandada?

Debido a todas estas exigencias, en muchas empresas aumenta la importancia de la auditoría interna, que pasa de centrarse exclusivamente en el mero cumplimiento normativo para convertirse en una función que revisa periódicamente el perfil de riesgo en busca de riesgos emergentes e identifica tendencias mediante una estrecha vigilancia de los resultados empresariales. El máximo responsable de riesgos, entre tanto, participa cada vez más en la toma de decisiones estratégicas donde el énfasis recae tanto en los riesgos como en el crecimiento.

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