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  • Tipo: Artículos de opinión
  • Fecha: 01/01/2012

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El análisis de los profesionales de KPMG

La borrachera ha acabado y ahora hay que pagarla 

Por: Federico Hernández
Socio de la Práctica
 de Finanzas Corporativas
KPMG en México

 

Hasta la crisis del último trimestre de 2008 los grandes corporativos se endeudaron con el objetivo de seguir creciendo. Este crecimiento se dio de diversas formas: la integración vertical a través de la adquisición de proveedores o clientes, el acceso a mercados, regiones y clientes no atendidos previamente mediante la compra de competidores o, simplemente, el incremento de su capacidad instalada para aumentar su producción o servicios prestados. Prácticamente ninguna de las grandes empresas transnacionales estuvo exenta de alguna de estas estrategias y es que simplemente era difícil resistirse al “boom” del crédito que inició en el 2004 y finalizó de manera abrupta a finales del 2008.  Hoy, estos corporativos deberán repagar o refinanciar más de 4 trillones de dólares durante los siguientes cuatro años y, desgraciadamente, las condiciones no serán las óptimas.

La liquidez a la que tenían acceso estos corporativos se presentaba desde préstamos bancarios hasta la emisión de deuda pública. Todo parece indicar que el crecimiento de dichos corporativos obedeció más a un acceso fácil a crédito barato que a un plan de negocios fundamentado en aspectos comerciales y operativos.  Hoy, estas empresas siguen cargando con la deuda pero enfrentan un incierto panorama económico mundial que difícilmente les ayudará a cumplir con sus obligaciones.


A principios del mes de agosto de 2011 la calificadora de valores Standard & Poor´s anunció su decisión de disminuir la calificación de la deuda soberana de Estados Unidos, algo no visto desde hace mucho tiempo.  Asimismo,  a mediados del mismo mes la firma de banca de inversión J.P. Morgan comunicó a los medios que había bajado las expectativas de crecimiento económico para Estados Unidos para el último trimestre del 2011 y para el 2012.  Por otra parte, los países de la zona euro no sólo no parecen estar saliendo de la crisis de 2008, sino que cada vez es más común escuchar que las cosas empeoran, que el contagio no para y que los países “fuertes” deberán inyectar más recursos para su rescate.


La banca, fuente tradicional de financiamiento, no enfrenta una situación fácil. Por un lado, los bancos siguen resentidos de la caída en el mercado inmobiliario a nivel mundial y con la entrada en vigor de “Basilea III” verán restringida su actividad crediticia.


De acuerdo a Moody´s Investors Service, Standard & Poor´s y Bloomberg, la deuda corporativa que deberá ser repagada/refinanciada de aquí hasta el 2015 supera los 4 trillones de dólares y está divida en las siguientes regiones:

 

  • Europa, Medio Oriente y África: 1.3 trillones de dólares
  • Estados Unidos de América: 1.7 trillones de dólares
  • Asia-Pacífico: 1 trillón de dólares

 

El refinanciar deuda es un proceso regular, recurrente y normal. Prácticamente ninguna empresa puede vivir sin deuda. La deuda es simplemente el “oxígeno” de toda economía capitalista y que se rige por las leyes del libre mercado. Ésta, lejos de ser vista como una pesada carga con la cual se tiene que cumplir, debe considerarse como uno de los mecanismos más importantes de eficiencia en el funcionamiento de nuestro sistema económico. No es una casualidad que las economías que cuentan con mercados financieros grandes y sólidos son también las economías más desarrolladas del orbe.


Se espera que los siguientes tres años presenten retos importantes para las empresas que necesitan reestructurar sus deudas. Por un lado, están los países que tuvieron problemas financieros y que requerirán de inyecciones de capital significativas para regularizar su situación. Por otro, se presenta un escenario económico incierto que disminuirá la actividad económica a nivel mundial.  Asimismo, se espera que con las nuevas regulaciones bancarias las instituciones de crédito enfrenten restricciones adicionales para apoyar al sector público y al privado. Todas estas variables conllevarán a una limitada liquidez y a un aumento en las tasas de interés. ¿Qué opciones quedan?


Primero que todo las empresas deberán redefinir sus planes de negocio y enfocarse en aquellas actividades que las diferencien de la competencia y les permitan obtener mejores márgenes de ganancia. Deberán racionalizar sus operaciones y eficientar su manejo de efectivo y de capital de trabajo.


Pero no todo es negro en el panorama que se avecina. Por un lado, el mercado de bonos con tasas de interés superiores a las de mercado (denominados high yield bonds) está disponible, aunque es sensiblemente volátil a las noticias económicas mundiales y propias de cada país. Por otro lado,  se estima que los fondos de capital de riesgo privado cuentan con más de 400 billones de dólares dispuestos a ser invertidos en empresas viables y que sirvan para fortalecer su posición financiera.  Cualquiera que sea la alternativa que se escoja, lo que es un hecho es que la Alta Dirección de compañías en situación de reestructurarse deben iniciar este proceso ya.

 


Nota: Las ideas y opiniones expresadas en este escrito son del autor y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG en México.

 
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