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  • Tipo: Artículos de opinión
  • Fecha: 31/03/2014

Se requieren grandes esfuerzos: América Latina en el escenario mundial 

Por: Stephen Beatty
Socio Líder de la Práctica
de Infraestructura
de KPMG Americas
asesoria@kpmg.com.mx
Visita: www.delineandoestrategias.com


Durante los primeros días de abril, se llevará a cabo el WEF sobre América Latina: “Abriendo Vías para el Progreso Mutuo (Opening Pathways for Shared Progress)”, en el que se hablará acerca de la problemática, retos y oportunidades de la región, con miras a que esta desarrolle todo su potencial económico.

Algunos de los retos más sobresalientes están en el campo de la infraestructura, en torno del cual, se expondrán las áreas de oportunidad que tienen todos los países de la región. En este sentido, en la mesa “Mejorando la infraestructura (Upgrading Infrastructure)”, cuya moderación estará a cargo de KPMG, se hablará acerca de las propuestas efectivas e inmediatas que los líderes de la región pueden ofrecer para solucionar deficiencias que América Latina ha tenido desde hace tiempo.
Todo indica que la región está por explotar su actividad de infraestructura. Basta echarles un vistazo a los encabezados de la prensa para hallar ejemplos de países, gobiernos e inversionistas en infraestructura, que están realizando compromisos masivos y catalizando un cambio importante dentro de los mercados de infraestructura de la región.

Mucho dinero, grandes planes

Como ejemplo tomemos el nuevo Programa de Inversión en Logística de Brasil que prevé un gasto de USD$66 mil millones en vías férreas y carreteras, USD$30 mil millones que se destinarán a puertos, y casi USD$18 mil millones a aeropuertos. O consideremos los USD$112 mil millones que Colombia tiene planeados en inversiones de infraestructura entre 2012 y 2020. México tiene una lista de alrededor de 1,100 proyectos que suman casi USD$400 mil millones que es necesario concluir en los próximos cinco años.

De igual manera, la acción en el aspecto político ha resultado alentadora con muchos gobiernos que, en el pasado, se habían opuesto rotundamente a la participación privada en el sector de infraestructura. Ahora están ocupados en anteproyectos y promulgación de nuevas leyes que tienen como objetivo fomentar las asociaciones público-privadas (APP) y la inversión privada. La aprobación en 2013, en Colombia y México, de nuevas leyes de APP son prueba evidente de este cambio, como también lo son los recientes esfuerzos de Brasil por mejorar su ley existente sobre APP.

Hacer que funcione

Aunque todo esto podrían parecer buenas noticias para la región, la desafortunada realidad es que los planes de inversión masiva y la legislación de sustento simplemente no son suficientes para catalizar el tipo de cambio transformador que la región requiere con desesperación. Existen tres áreas en las que los gobiernos de América Latina deben enfocarse antes de que estos ambiciosos y muy requeridos planes de inversión en infraestructura puedan empezar a realizarse.

En primer lugar, los gobiernos han de cambiar su enfoque de medidas puramente populares para, por el contrario, dar prioridad e instaurar planes económicos sostenibles a mediano y largo plazo. La realidad es que algunos países de América Latina (no todos, sin duda) están perdiendo competitividad y reduciendo su productividad al colocar la opinión popular por encima de las decisiones, a menudo duras, que tienen que tomar por el bien de sus economías. Venezuela y Argentina, por ejemplo, han sufrido un descenso económico significativo desde el establecimiento de su agenda populista; Chile y México están del lado opuesto.

En segundo lugar, los países de América Latina necesitarán mejorar en gran medida el profesionalismo y la capacidad para llevar a cabo sus programas de infraestructura. Los inversionistas internacionales buscan programas claros, transparentes y bien administrados en los cuales invertir. En la actualidad, pocos países de América Latina tienen la capacidad o habilidad para administrar el tamaño y alcance de los programas que se encuentran sobre la mesa. Esto significa que con frecuencia los programas están mal planeados, pobremente estructurados o cargados de riesgos no mitigados y, como resultado, hacen más por disuadir que por persuadir a los inversionistas locales e internacionales. Existe una urgente necesidad de mejorar el profesionalismo de estos programas a corto plazo y, con el apoyo de asesores externos con experiencia, a mediano y largo plazo, a través de un programa continuo de contratación, capacitación y desarrollo de aptitudes a nivel interno.

La tercera área que requiere atención inmediata por parte de los líderes de América Latina son los mercados de financiamiento. Pocos (con la excepción notable de Chile) han desarrollado mercados privados reales de financiamiento de infraestructura. La mayoría de los países luchan por desarrollar los vehículos apropiados para apoyar la inversión privada. Como resultado, la actividad en América Latina se ha financiado mayoritariamente a través de bancos nacionales de desarrollo (como BNDES en Brasil) o mediante el apoyo multilateral. Dados los objetivos de inversión masiva y los ajustados cronogramas creados por los líderes en la región, parece evidente que será necesario desarrollar con rapidez el financiamiento de proyectos privados, los mercados de fianzas y los vehículos de inversión efectivos para alcanzar tales objetivos ideales.

Tiempo de acción

Afortunadamente, existen sólidos ejemplos de países de América Latina que ya han reconocido estas realidades y han tomado acciones contundentes durante los últimos años. Chile, desde hace casi dos décadas, reformó su programa y mercado de infraestructura. La legislación de APP ya está muy bien definida, probada y comprendida; los programas de inversión están preparados a nivel profesional y son bien recibidos de parte de actores internacionales. Por su parte, los bancos comerciales han estado activos en programas de financiamiento. Colombia también ha disfrutado de gran éxito en la creación de mercados de infraestructura y vehículos de inversión y, durante los últimos años, rara vez se ha quedado corto en inversión.

Sin embargo, otros (Brasil, el principal entre ellos) ahora se encuentran al borde del precipicio. La elección es evidente: tomar acción positiva hoy y cosechar los beneficios por generaciones, o mantener el status quo y permitir que el país y la economía titubeen y, al final, fracasen.

Los inversionistas y desarrolladores de infraestructura operan en una economía global en la que los programas nacionales son comparados, y la competencia es fiera. En esta lucha global por la inversión, otras regiones se están moviendo con mayor rapidez o compromiso. Si las cosas siguen como en la actualidad, no sería sorpresivo que África o el sureste asiático llegaran a eclipsar a América Latina como un destino de inversión en la siguiente década.

Lo importante es que los gobiernos de la región realicen acciones inmediatas, tanto en lo individual como en lo grupal. No hay tiempo que perder; las acciones tomadas hoy repercutirán en las décadas por venir. Esperemos que sean las acciones correctas y no solo las más sencillas.

 


 

Nota: Las ideas y opiniones expresadas en este escrito son de los autores y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG en México.

 

 
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