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  • Tipo: Artículos de opinión
  • Fecha: 05/08/2013

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El análisis de los profesionales de KPMG

¿Gravar o no alimentos y medicinas? 

Por:

César Catalán

Socio de Impuestos Indirectos

KPMG en México

asesoria@kpmg.com.mx
Visita: www.delineandoestrategias.com


Cómo se gravan alimentos y medicinas
De acuerdo con KPMG en México, el régimen fiscal de 75 países miembros de la OCDE, el G-20, la Unión Europea y otros de América Latina privilegia a los impuestos indirectos. Los países aplican una tasa reducida a alimentos y medicinas mejorando los bajos niveles de recaudación fiscal en concepto de Impuesto al Valor Agregado (IVA) y, por otro lado, reduciendo el impacto económico y político de una medida de este tipo sobre la sociedad.
De acuerdo con los resultados del análisis realizado al gravamen sobre la enajenación de alimentos y medicinas se observa que en la mayoría de los países (66% de la muestra), se gravan de manera efectiva con IVA los alimentos, en algunos casos con la tasa general (25%), en otros con una reducida (41%).

 

El IVA en América Latina
La situación en los países de América Latina resulta interesante. La muestra revela que 46% de los países de la región grava de alguna forma los alimentos y las medicinas. Lo notable es que la tendencia no es similar a lo que sucede de forma global ya que 31% de los países aplica la tasa reducida del IVA a los alimentos, y sólo 8% de los mismos hacen lo propio con la enajenación de medicamentos.

 

Por el contrario, sólo en el 15% de los países de la región utiliza la tasa general de IVA para gravar los alimentos, siendo muy interesante que dicha tasa general es la aplicable en 38% de los países que grava la enajenación de medicinas. En síntesis, efectivamente casi la mitad de los países de la región latinoamericana grava este tipo de productos, y de forma muy interesante, una proporción más importante grava con la tasa general la venta de medicinas y mantiene un gravamen bajo en la enajenación de alimentos.

 

¿A qué tasa gravar alimentos y medicinas?
En el debate correspondiente, el reto también ha sido definir si la enajenación de estos productos debe ser gravada a una tasa general o a una reducida, o bien matizar el esquema apartando una tercera categoría de productos básicos.

 

El análisis muestra que entre los países que aplican una tasa reducida, que es la mayoría de ellos, la tasa promedio es de 9% para alimentos y de 7% para medicinas. Es decir, que considerando que la muestra incluye países desarrollados, países emergentes y países en vías de desarrollo, una tasa que se situara entre 7% y 9% estaría dentro de los parámetros aplicables a nivel global.

 

Por su parte, en el supuesto de los países objeto del estudio que gravan alimentos y medicinas aplicando la tasa general del IVA, el promedio de la misma es de 15% (Japón y Taiwán aparecen con la tasa general más baja, del 5%, mientras que Islandia y Dinamarca aplican las tasas generales más altas, con 26% y 25% respectivamente). En México, como se sabe, la tasa general aplicable es de 16% (salvo en la zona fronteriza donde aplica la tasa de 11%).

 

El predominio de los impuestos indirectos y su aplicación sobre insumos básicos debe asumirse al menos desde dos puntos de vista. Uno se refiere a las políticas públicas y otro a los aspectos técnicos y las ventajas que representan para la Secretaría de Hacienda y los contribuyentes.

 

En el primer caso se puede advertir que lo que está sucediendo en México, y también en otros países, es la necesidad de recaudar más para cubrir el financiamiento de proyectos de infraestructura, seguridad, educación, salud y vivienda. El aumento en la recaudación se ha vuelto imperioso debido a nuevos compromisos y la imposibilidad de subir las tasas del Impuesto Sobre la Renta (ISR) para los contribuyentes cautivos, empresas y personas físicas que no pueden soportar solos la carga impositiva completa de todo un país. En el caso particular de México, se trataría de incrementar la eficiencia de la recaudación fiscal y, simultáneamente, reducir la dependencia de las cuentas del denominado “ingreso petrolero”.

 

Desde la otra perspectiva, darle prioridad al IVA y gravar a la tasa general o con una diferente los alimentos y medicinas hasta ahora no gravados de forma efectiva, podría representar ventajas para Hacienda, debido a una mayor claridad y simplificación administrativa en la gestión administrativa del impuesto

 

¿Por qué gravar los alimentos y medicinas en México?
A continuación presentamos tres razones por las cuales consideramos que los alimentos y medicinas se deberían gravar en nuestro país.

 

1. Mejor recaudación en el marco de un sistema más simple
Desde el punto de vista técnico, los impuestos al valor agregado son más simples de entender, recaudar y supervisar, y menos volátiles puesto que no necesitan los ajustes, deducciones y excepciones de otros gravámenes. Además, el IVA tiene un incentivo para que los diferentes eslabones de la cadena productiva documenten las operaciones, puesto que a partir de ellas pueden compensar los impuestos pagados con los cobrados. De esta manera, para los empresarios es más interesante operar en el sistema formal, donde se obtienen comprobantes con validez fiscal, lo que ayuda a combatir la informalidad y la evasión.

 

2. A largo plazo se puede bajar el ISR
Uno de los beneficios de elevar la recaudación gravando de manera efectiva con el IVA alimentos y medicinas e incorporando a nuevos contribuyentes, es que con el tiempo se podrían plantear potenciales disminuciones en la tasa del ISR. En este sentido, aumentar los impuestos al consumo repercute en una reducción en los impuestos sobre la renta. Esto tiene la ventaja de darle a las empresas más capital de trabajo y para inversión, lo que acelera la formación de riqueza y la creación de empleos, como en la tendencia que indica la OCDE.

 

3. Recursos para la infraestructura y competitividad del país
Vale la pena insistir en que el objetivo central de aumentar la recaudación fiscal es hacer más y mejores inversiones en infraestructura, educación, salud, vivienda y otros servicios públicos, que van de la mano con un aumento en la competitividad de las personas y de la economía en su conjunto.

 

Un cambio de esta naturaleza permitiría ampliar la base de contribuyentes y gravar los consumos de quienes en el presente están en la economía informal y no contribuyen ni al ISR ni al IVA, aunque sí utilizan servicios públicos. Los impuestos sobre el consumo tienen ventajas adicionales como fuente de ingresos fiscales, ya que la recaudación derivada de los mismos es más previsible y estable. El hecho notorio es que estos impuestos indirectos, con sus diferentes modalidades, se han estado consolidando en países comparables con México.

 


 

Nota: Las ideas y opiniones expresadas en este escrito son de los autores y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG en México.

 

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